Unas originales rosquillas con un sabor muy agradable que se consigue gracias al vino blanco, el limón y el laurel. Se hacen así:
- 125 gramos de vino blanco.
- 125 gramos de aceite de girasol.
- 3 o 4 hojas de laurel, según su tamaño.
- 2 cucharadas soperas no colmadas de azúcar blanco.
- Pizca de sal.
- Dos sobres dobles de polvos gasificantes, como los de la marca El Tigre. Si no los consigues, usa 8 gramos de levadura química para bizcochos.
- 350 gramos de harina blanca, aunque puedes usar la mitad integral.
- Azúcar para rebozar antes y después de hornear.
Para esta receta es mejor usar el aceite de girasol que el de
oliva, ya que este tiene sabor y le roba protagonismo al laurel y limón.
En un cazo pequeño, pon el aceite con las hojas de laurel, si
puedes conseguirlas frescas, recién cortadas del árbol, mucho mejor. Haz cortes
en las hojas con los dedos, pero sin llegar a partir la hoja, haciendo esto se
liberará mejor el aroma del laurel en el aceite. Calienta el aceite hasta que
la hoja se fría y cambie de color, pero que no se queme.
En un recipiente que resista el calor, pon las dos cucharadas
de azúcar, la pizca de sal y la ralladura de limón, mezcla hasta que el azúcar se
humedezca y absorba los aceites esenciales del limón. Echa el aceite caliente,
sin las hojas de laurel, que una vez fritas ya no sirven. Mezcla rápidamente
para que no se queme el azúcar con limón y añade el vino blanco para bajar la
temperatura.
Tamiza la harina y el gasificante con un colador, mezcla y
amasa hasta tener una masa muy poco pegajosa y muy suave. Divide la masa en 15
bolas de 40 gramos, que serán 15 rosquillas, para hacerlas puedes:
- Hacer un churro y juntar las puntas.
- Abrir un agujero con la mano en la bola.
- Dividir el churro en dos tiras, hacer una trenza y
luego unirla. Yo lo hice así.
Pasa cada rosquilla (por ambos lados) por azúcar blanco y
coloca en la bandeja de horno con papel de horno o lámina de silicona, deja un poco de espacio porque crecen. Hornea
en el horno precalentado a 180 grados unos 25 o 30 minutos, hasta que estén
ligeramente dorados por los bordes y la base.
Si quieres puedes volver a rebozarlos en azúcar en cuanto los
saques del horno, tiene que ser en caliente para que se pegue el azúcar. Yo lo
hice así. Coloca sobre una rejilla para que enfríen. Guardadas en una lata con
una servilleta aguantan semanas. Queda unas rosquillas crujientes y
quebradizas, nada duras y secas.
Comentarios
Publicar un comentario